La comedia del arte /
Language: Español Publication details: Fondo de Cultura Economico de Mexico México 30/04/1985Edition: 1Description: 123 páginas 21cm de ancho X 28cm de largo Ilustraciones, Tablas y GráficasISBN:- 968-16-1946-3
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| Item type | Current library | Collection | Call number | Copy number | Status | Date due | Barcode | |
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CI Gustavo A. Madero 2 Sala General | Colección General | LCC | 1 | Available |
Incluye Referencias Bibliográficas
La Hacienda de Temixco
Oleo sobre tela/70x55cm/1979
El dia de la gran nevada
Olen sobre tela/60x30cm/1978
El Parque Central desde una ventana del Park Lane
Oleo sobre tela/05x55 cm/1975
La ciudad sin semáforos
Oleo sobre tela/80x70cm/1978
The Olympic Towers
Oivo sobre tela/50x70cm/1974
El bombardeo de Odessa
Oleo sobre tela/60 x 50 cm/1976
La estación de Comales
Oleo sobre tela/100x80 cm/1972
La estación de San Lázaro
Oleo sobre tela/40 x 80 cm/1982
Familia de ciclistas en un día de campo en La Marquesa en 1937
Oleo sobre tela/80 x 70 cm/1974
La estación de Cambridge
Oleo sobre tela/80 x 70 cm/1978
El paso por Tres Marias
Oleo sobre tela/30 x 45 cm/1983
El número cinco
Oleo sobre tela/40.5 x 55.5cm/1981
El caballo tordillo
Oleo sobre tela/45x55cm/1982
Oleo sobre tela/00x50 cm/1976
Club de prensa en el estudio de los Mets
El beisbolista gordo
Olro sobre tela/40 x 60 cm/1976
Babe Ruth que está en el cielo por méritos propios
Oleo sobre tela/40 x 50 cm/1974
Retrato rojo de Ponciano Diaz
Oleo sobre tela/50 x 40 cm/1978
118
John L. Sullivan
Oleo sobre tela/35 x 65 cm/1974
La última pelea de Kid González. excampeón nacional de peso mosca
Oleo sobre tela/95x85 cm/1974
El jugador de billar
Oleo sobre tela/40 x 50 cm/1977
Homenaje a Joe Chamaco
Oleo sobre tela/70x55 cm/1979
El rey de España y su equipo de water polo
Oleo sobre tela/50 x 40 cm/1978
El filder del destino
Oleo sobre tela/70 x 60 cm/1972
El corredor solitario de Central Park Oleo sobre tela/70 x 80 cm/1978
La travesia del placer
Oleo sobre tela/70 x 60 cm/1974
Los ciclistas de sombrero negro Oleo sobre tela/40 x 55 cm/1980
El submarino yucateco
Oleo sobre tela/44 x 32 cm/1982
La motocicleta de Palma de Mallorca
Oleo sobre tela/100 x 70 cm/1972
La nave del olvido
Oleo sobre tela/70x50 cm/1974
La feria internacional del sombrero
Oleo sobre tela/90x90 cm/1977
Autorretrato de una ciudad con rio
Oleo sobre tela/60 x 40 cm/1973
Naturaleza muerta con cerveza
Oleo sobre tela/46 x 55.5 cm/1983
Naturaleza muerta con puro
Oleo sobre tela/46x55.5cm/1983
Las flores blancas
Olso sobre tela/60 x 80 cm/1979
Y COMENCE A PINTAR EN 1965. DIGO COMENCE por-que en ese año hice un cuadro (una copia) y lo dejé olvi-dado en un closet. Por aquel tiempo trabajaba como un desesperado para ganarme la vida. Mis actividades eran muy variadas. Hacia un "cartón" periodístico diario y tenía, negocios en varias partes del continente americano, ◆◆◆◆◆ lo que me obligaba a viajar constantemente desde Cana-då hasta Argentina.
Tanta actividad, y los vicios que adquirí por ejercerla (todos los vicios más una buena cantidad de tabaco para calmar los nervios), me tenían al borde del agotamiento, por lo que decidí cambiar de vida y dejé el tabaco. Así pasaron siete años. En 1972 mi hijo descubrió en el closet el cuadro que había pintado y fue entonces cuando decidí calmar mis nervios ha-ciendo otros.
Naturalmente, el cuadro olvidado me gustó al verlo de nuevo. Posible-mente cuando lo dejé en el closet no me gustaba, pero así son los cuadros: cambian con el tiempo -algunos mejoran; otros al contrario. Esto se de-be, posiblemente, a que el óleo es una substancia "activa". Yo sospecho que el óleo no queda en las telas tal y como lo dejó el pintor al dar la pince-lada, sino que se sigue moviendo, sigue en actividad y pasa mucho tiem-po antes de asentarse en su lugar definitivo. Es que el color se siente incó-modo al lado de otros colores y ajusta sus matices para llevarse mejor con los vecinos. En fin, que en los cuadros hay vida propia y los materiales que están puestos en ellos -tal vez primero en discordia-se van ajustan-do y llegan a quedar en casi perfecta armonía. Todo esto parece obra de la imaginación, pero es sólo la verdad; yo he visto cambiar los cuadros, so-bre todo, he visto cambiar los colores, pero el dibujo también cambia. Ge-neralmente, los colores cambian para mejorar, al revés que el dibujo, al que con el tiempo se le notan más los defectos. Yo pinté hace tiempo un cuadro (Los socios del Jockey Club) en el que aparece un caballo de ca-rreras. Mi intención era hacer uno de esos caballos que se ven en la pintu-ra deportiva inglesa: hermoso, fino, brillante. Lo dibujé perfectamente y quedé muy satisfecho con los resultados. Era un caballo magnífico según yo y algunos amigos que, cuando lo terminé, me acompañaban tomando
[5:13 p.m., 8/9/2025] Daniel de los Santos: All
Contral
◆Alvaro Mutis
Intento de guía para Abel Quezada
Y O CREO QUE ES BUENO ADVERTIR A QUIEN POR prime-ra vez ve los cuadros de Abel Quezada que se está inter-nando en un terreno minado. Cualquier paso en falso puede serle fatal y si dobla la esquina equivocada corre el riesgo de no regresar jamás. Pero hay algo más grave en este caso y es que no hay mapa ni indicio gráfico alguno ◆◆◆◆◆ que pueda orientar al desprevenido visitante. Existe una carta de José Luis Cuevas a Quezada en donde, como siempre, Cuevas da en el blanco a la primera frase. Hay también un texto del mismo Quezada que, tomado cum grano salis, de algo puede servir. Yo me estoy arriesgan-do aquí, por amistad calurosa hacia el pintor y porque me entusiasma en grado sumo lo que hace, a proporcionar a quien hojea este libro algu-nas señas que pueden resultarle de relativa utilidad, siempre y cuando tenga en cuenta que los textos antes mencionados contienen la clave prin-cipal y que, a fin de cuentas, cada uno tendrá que vérselas frente al cua-dro con sus propios medios y usando, en dosis de fatal exactitud, de su malicia y un poco, muy poco, de su inteligencia. Los franceses, en situa-ciones semejantes pero trasladadas al campo del amor, en que se dicen ex-pertos, explican que c'est une question de peau.
Veamos algunas de las precauciones básicas que deben tenerse en cuenta: A pesar de lo que él mismo insiste, Abel Quezada no es un pintor de domingo. Los cuadros de un pintor de domingo son, deben ser, perfec-tamente olvidables. En el caso de Winston Churchill, por ejemplo, se guardan y aprecian porque los pintó Churchill, no por ser dignos de mérito.
En los óleos de Quezada suceden demasiadas cosas como para que ha-yan sido pintados para matar las ya de por sí agonizantes horas dominica-les. La nostalgia se pasea por ellos como un sorpresivo reptil y dejan en el espectador un no sé qué de perdido, algo que hubiéramos querido com-partir en ese preciso instante que el cuadro eterniza y no en otro. Hay también una precisión meteorológica -no encuentro la manera de decirlo en otras palabras- que nos deja entre desprotegidos y anhelantes. Esas no son, no podrán ser jamás, virtudes de un "pintor de domingo".
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