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040 _cGAMADERO 2
245 0 0 _aLA TIERRA Y LA GENTE DE HUECORIO
260 3 _aMexico
_bFondo de Cultura Económica
_c1967
300 _a391
_bTablas y Gráficos
_c14x21 cm
490 0 _aSERIE
504 _aFondo de Cultura Económica ISBN: 9681600649
505 _aINDICE Prefacio 11 Agradecimientos . 19 1. La tierra: Su uso y abuso 21 2. Métodos de producción agrícola 63 3. La fuerza de trabajo . 106 4. El capital y su acumulación 160 5. El espíritu de empresa 192 6. Estructura social y política 225 7. Población . 279 8. Niveles y estándares de vida 297 9. Huecorio y las políticas para el bienestar rural 326 APÉNDICES A. Clima, minerales, bosques y fauna 338 B. Ciclo anual de agricultura 342 C. El cultivo de maíz y del trigo 346 D. Cuadros • • 350 Bibliografía
520 _aDURANTE mucho tiempo, el estudio intensivo de las pequeñas comunidades y sociedades campesinas ha estado asociado de manera exclusiva, y venturosamente, con la antropología. En esos estudios los antropólogos se han concentrado en asuntos tales como los sistemas de parentesco, la mitología o el comportamiento cultural relativo, con mayor interés del que han mostrado por los fenómenos económicos. Esto es comprensible, puesto que pocas persenas que no sean economistas están familiarizadas con la multitud de problemas que han surgido con el renacido interés en el desarrollo económico y su necesidad de datos sobre la subocupación, los tipos y tasas de acumulación de capital, los nuevos conceptos de dirección empresarial, las interrelaciones estructurales en la producción, los criterios de inversión, etc. En busca de las respuestas a algunos de estos problemas fue que se hizo este estudio de Huecorio, una pequeña comunidad agrícola situada en las tierras altas del México central. Hay razones amplias y apremiantes para que se realicen estudios de esta clase. La mayor parte de la población de las zonas menos desarrolladas del mundo vive en incontables millares de comunidades campesinas, y a menos que sus problemas se entiendan y analicen con simpatía, esta gente campesina estará condenada a un eterno infierno desprovisto de dignidad, comodidades y felicidad, y su pobreza manchará la fachada del progreso que se registra en otras partes de sus países. Algunos huirán a las ciudades para congregarse en miserables barrios que contrastan con los brillantes edificios y las inmaculadas avenidas. Nunca tendrán más que el dinero suficiente para comprar su sal, su petróleo y sus cigarrillos, y de esta manera le darán muy poca importancia a las fábricas cuyos productos están fuera de su alcance. Otros producirán comida insuficiente incluso para su propio pueblo, y las divisas que hubieran podido emplearse, entre otras cosas, para adquirir maquinaria, tendrán que ser destinadas, en cambio, a sa-tisfactores básicos. Al observar a Huecorio y la información que su gente me dio tan generosamente, tuve de manera constante tres objetivos en mi mente: Procuré utilizar los instrumentos del economista en campos en los que hasta ahora había trabajado el antropólogo; examiné ciertos problemas teóricos que han tratado los economistas de la posguerra, y reflexioné sobre políticas y soluciones prácticas que aligeren o eliminen el
526 _aIngeniería en Administración
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