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245 0 0 _aMEXICO y el Club de Roma /
260 3 _aMéxico
_bFondo de Cultura Económica
_c1975
300 _a99 pág.
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504 _aFondo de Cultura Económica
505 _aIndice Introducción La academia invisible "El espíritu de Salzburgo" Algunas aclaraciones ••••• Aurelio Peccei ante la prensa El futuro del Club 7 9 23 30 37 46 REPORTE DE TOKIO Primera parte: Ubicación del Simposio de Tokio dentro de la perspectiva global del Club de Roma 51 58 Segunda parte: Una imagen del Simposio Tercera parte: La visión global: ¿dónde estamos parados?
520 _aIntroducción EN ESE tiempo los tanques soviéticos entraban en las calles de Praga. El primer hombre que cruzó el espacio, Yuri Gagarin, moriría sin que de sus ojos desaparecieran el asombro y la alucinación de las estrellas. Marcel Duchamp y Eugene Rostana bajaban al eterno reposo, y el octubre mexicano se despeñaba entre la crueldad y la muerte. Mientras, el hombre se acercaba por primera vez a la luna y acariciaba con la mirada el rostro celestial, circunvalado tantas veces antes en los viajes de la ima-ginación. En el mundo la violencia crecía sin que pareciera posible detenerla: las ciudades de Estados Unidos se encendían en rojas llamaradas de venganza después de la muerte de Martin Luther King y las calles de París eran las trincheras de una batalla cultural y política de grandes proporciones. Fue la misma época en que Robert Kennedy fue asesinado por las balas del miedo; en que Vietnam se desangraba en una guerra de inaudita saña; fue una época triste cuando el hambre en Biafra era una terrible realidad. En ese año, en 1968, nació una organización científica con deseos de auspiciar la investigación del futuro. Fue en 1968 cuando nació el Club de Roma. El deterioro del medio ambiente, la crisis de las institucio-nes, la deshumanización de la vida, la anarquía del crecimiento urbano, la pobreza institucionalizada de millones de personas en contraste con el bienestar económico de unos pocos; y en resumen, la inconformidad con un sistema de vida opulento en lo material y, paradójicamente, miserable en lo espiritual, fueron los signos distintivos de la época tecnológica del hombre, que comenzó con gran optimismo al terminar la segunda Guerra Mundial y aún no termina. El futuro era una preocupación para muchos, pero su advenimiento se imaginaba todavía muy remoto. Esa preocupación no se traducía, salvo en muy contados casos, en un trabajo concreto de previsión. Ya algunas doctrinas más elaboradas y cientificamente mejor diseñadas, habían enterrado el pesimismo malthusianista del siglo XIX. Si el hombre había sido ca-paz, con las herramientas de una tecnología en constante
526 _aIngeniería en Administración
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