Revoluciones de Nuestro Tiempo Nacionalismo del Siglo XX /
- México Fondo de Cultura Económica 1971
- 224 Fotografias y Ilustraciones 1era
- SERIE .
Fondo de Cultura Económica
Contenido Introducción: El sentir de un siglo 7 La secuela de la Primera Guerra Mundial 15 El despertar del Tercer Mundo 63 El Internacionalismo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial 81 Vientos de cambio 99 El factor del inconformismo 135 Un futuro desolador 197 Bibliografia 215 Reconocimientos 217
219
Introducción: El sentir de un siglo Las primeras cuatro décadas del siglo xx vieron la culminación de los grandes imperios coloniales. Las dos décadas siguientes vieron su disolución y prácticamente su desaparición. Ambos procesos fueron manifestaciones del mismo sentir de autoafirmación nacional. Un tipo de nacionalismo gozaba con una situación en la que la voluntad de un pequeño grupo de razas dominantes era impuesta al resto del mundo; y el nacionalismo de otro tipo, apenas diferente, se regocijaba al ver destruida esta situación, como resultado de la colisión de las propias razas dominantes entre sí. Entre ambos, el nacionalismo de los anteriores gobernantes y el nacicnalismo de los anteriores gobernados han creado la forma y el sentir de este siglo, desde los primeros años hasta donde un observador razonablemente cauto puede pretender ver el futuro. Lo mismo puede decirse del siglo xIx, pero con una importante diferencia. Aquella época ha sido llamada ocasionalmente "edad del nacionalismo". En efecto, fue testigo del surgimiento de los nuevos nacionalismos de Alemania e Italia, de las intermitentes y fracasadas inquietudes nacionalistas dentro de los imperios europeos de Austria y Rusia y del comienzo de la prolongada disolución del Imperio Turco en Europa. Y fueron los pensadores del siglo xix quienes proporcionaron a los nacionalistas revolucionarios del xx las bases filosóficas de la mayor parte de sus teorías. Pero, es razonable aducir que existe una diferencia notable entre un movimiento cuyo resultado último es una disminución masiva en el número de Naciones-Estado existentes y un movimiento que aumenta considerablemente ese número. Un cálculo aproximado ilustra este punto: la Europa de 1850 incluía alrededor de sesenta Estados individuales; la de 1900, alrededor de quince; y lạ de 1950, veintisiete. Esta proliferación de Estados bajo el impetu del nuevo nacionalismo no se limitó a Europa. La Organización de las Naciones Unidas con-tenía, en 1970, más de cuatro veces el número de Estados adherentes a la antigua Liga de las Naciones en el cenit de su popularidad.