Historia de la economía en su relación con el desarrollo social.
- 1era edición.
- Mexico. Fondo de cultura. 1961
- 112 Ilustraciones, tablas y graficas. 20.7x13.5 cm
- Serie. .
ÍNDICE GENERAL
Prefacio 7
La historia de la economía en su relación con el desarro- 110 social
II
Apéndicc I. Los problemas formales de la historia de la economía
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Apendice II. Bibliograffa selecta sobre historia de la eco- nomía
III
PREFACIO
En los últimos tres siglos la historiograffa, del conocimiento, ha pasado a través dc tres ctapas consccy- tivas. Al principio fue completamente pragmática. Los his_ toriadores investigaban los acontecimientos del pasado con la convicción de que eran capaces de inferir valiosas máximas de política práctica y, respecto a su actitud hacia los actos de los hombres así como de las naciones, fueron francamente crí- ticos, dispensando alabanzas sin reservas reproches de acuerdo con los patrones de moral a los que estaban adheri- dos. Cuando el romanticismo desaloió al espíritu racionalista, se desarrolló un nuevo tipo de historiografía. El saber se buscó entonces por el saber mismo. La meta ya no era aprender lecciones, sino establecer hechos: encontrar, tal como lo expresó Ranke, cómo sucedieron realmente las cosas. Ya pasaron los días de este tratamiento puramente descripti- vo del pasado. Los archivos del mundo han sido registrados a fondo respecto a los hechos sobresalientes y los descubri- mientos futuros se reducirán seguramente a meros puntos de detalle. Por lo tanto. recientemente, los historiadores han estado buscando nuevas tareas. La interpretación y explica ción de las palabras indican la dirección a que han estado tendiendo a inclinarse.
como
una
rama
Esta marcha general de la historia considerada como una rama del saber ha sido seguida por todas las subdivisiones y subdisciplinas que componen este amplio campo del conoci- miento. Algunas han avanzado más audazmente, otras se han atrasado y todavía continúan rezagándose. La última de entre las que se quedaron atrás es la historia de las doc- trinas económicas. Continúa siendo una práctica común con- siderar a los economistas del pasado como a hombres que por multitud de razones han propuesto, perseverando en ello, teorias que, a la luz de la razón, parecen erróneas y aun ridículas; ysi existen algunos trabajos que tratan de evitar con toda escrupulosidad groseras apreciaciones, apenas