El diario de Ana Frank /
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- México Edicion Leyenda 2023
- 235 13.5cm de ancho X 21cm de largo
- Serie .
Prólogo
Acabo de doblar la última página de este libro, y no puedo con tener mi emoción. ¿A qué habría llegado la maravillosa niña que, sin saberlo, ha escrito esta especie de obra maestral Ahora en 1951. tendría 22 años... No se piensa sin congoja en todo cuanto esta semibilidad y esta inteligencia tan bien armonizadas hubieran po dido dar si la horrible máquina de máscaras numerosas que estuvo a punto de triturar nuestra civilización entera no la hubiera, hace seis años, devorado y aniquilado. Es imposible evocar sin pena este fino rostro entregado a las sombras...
Era una niña judía de trece años, hija de comerciantes alema nes, que, cuando las primeras persecuciones nazis, creyeron hallar en Holanda la salvación definitiva. Pero el monstruo tiene muchos torniquetes en su bolsa: ¿quién puede estar seguro de escapársele? La invasión de los Países Bajos los puso decididamente a su merced. Cuando, en julio de 1942, los Frank tuvieron que elegir entre dos decisiones: someterse al llamamiento de la Gestapo o esconderse costase lo que costase, de los dos términos de la alternativa prefi rieron el segundo, y olvidando, la pobre gente, cuál es el poderío de Leviatham y su paciencia antropóloga. En un pabellón situado detrás de un patio tal como hay en tantas casas de Amsterdam, se instalaron como ratas en un orificio. Había que adoptar mil precau-ciones: no dejarse ver, no hacer ruido. Es de imaginar qué problemas de todo orden se les presentaban a estos prisioneros voluntarios: los menores no eran, indudablemente, aquellos cuyos términos renova rían diariamente la intolerable cohabitación de ocho seres.
Fue allí, en el ambiente paradójico, donde Ana descubrió a la vez su propia existencia y la de los otros. A la hora en que una criatura principia a enfrentarse con el mundo exterior y saca de los múltiples contactos un enriquecimiento infinito, esta muchachita no tuvo ante ella sino el espectáculo del abrigo húmedo, del patio de los siete inquilinos-parientes, amigos, relaciones-con quienes tenía que compartir su suerte. Lo asombroso es que su sensibilidad