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Historia e Historiadores en el siglo XIX /

Material type: TextTextPublication details: México Fondo de Cultura Economica 1942
Contents:
INDICE GENERAL INTRODUCCIÓN I. Niebuhr II. Wolf, Böckh y Otfried Müller 7 III. Eichhorn y Savigny 21 IV. Jacobo Grimm 32 V. Los Monumenta 49 VI. Ranke 61 71 VII. Los críticos y los discípulos de Ranke VIII. La escuela prusiana 110 137 IX. El renacimiento de los estudios históricos en Francia. X. La escuela romántica. Thierry y Michelet 16g XI. La escuela política. Guizot, Mignet y Thiers. 176 193 XII. La Edad Media y el Antiguo Régimen XIII. La Revolución Francesa 213 XIV. Napoleón XV. De Hallam a Macaulay • XVI. Thirlwall, Grote y Arnold XVII. Carlyle y Froude ... XVIII. La escuela de Oxford XIX. Gardiner y Lecky, Seeley y Creighton XX. Acton y Maitland .. XXI. Los Estados Unidos • XXII. Otros países .... XXIII. Mommsen y los estudios romanos XXIV. Grecia y Bizancio... XXV. El Antiguo Oriente • XXVI. Los judíos y la Iglesia cristiana XXVII. El catolicismo 569 XXVIII. La historia de la civilización 593 INDICE DE AUTORES
Summary: LA HISTORIA Y LOS HISTORIADORES EN EL SIGLO XIX INTRODUCCIÓN LA EDAD MEDIA produjo historiadores de gran mérito literario -Mateo Paris y Lamberto de Herzfeld, Joinville y Froissart—, cuyo testimonio so- bre los hechos acaecidos en su propia época era bastante fidedigno; pero no existían entonces las condiciones esenciales a esa indole de trabajos. Se desconocía la imprenta y los libros eran escasos. No se había iniciado el método crítico para el estudio de los documentos, ni se concebía la necesidad de tratarlos de ese modo. El piadoso cronista, feliz entré los tesoros de su biblioteca monástica, no se détenía a investigar su valor, y con la misma inocencia copiaba en sus propias páginas compilaciones an-teriores. Aunque la falsificación de documentos era cosa normal, no se conocían aún los medios para descubrir esas falsificaciones. Los aconte-cimientos consignados se aceptaban sin discusión, y la sanción de la tradi-ción garantizaba la realidad del hecho. Por último, el ambiente de la Edad Media se hallaba saturado de teología. La influencia de San Agus tín pesó de un modo casi físico sobre la mente de Europa durante unos mil años, distrayendo la atención de la historia y los problemas seculares. Dada la constante intervención de la Providencia, la investigación de las causas naturales resultaba innecesaria e incluso impertinente. La historia era un sermón, no una ciencia, un ejemplario de las evidencias cristianas, no un intento desinteresado para comprender y explicar el curso de la civilización. 1 La gran revolución en la perspectiva de la humanidad, que empezó en Italia durante los siglos XIV y xv, condujo a la creación de algunas de las condiciones gracias a las cuales pudieron surgir métodos objetivos y un concepto genético de la historia. La revelación de que el mundo clá-sico no era una tradición borrosa, sino una brillante realidad, estimuló la curiosidad y sugirió el estudio de la transformación acaecida. Las in-vestigaciones comparativas se vieron aún más estimuladas por el descubri- 1 El mejor relato del desarrollo de la historiografia desde el Renacimiento se en- cuentra en FUETER, Geschichte der neueren Historiographie, 1911. WEGELE, Geschichte der Deutschen Historiographie, 1885, es indispensable para Alemania. MoLINIER, Les Sources de lHistoire de France, vol. v, 1904; FLINT, Historical
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Libro Libro CI Gustavo A. Madero 2 Available

Fondo de Cultura Económica

INDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
I. Niebuhr

II. Wolf, Böckh y Otfried Müller
7

III. Eichhorn y Savigny
21

IV. Jacobo Grimm
32

V. Los Monumenta
49

VI. Ranke
61

71

VII. Los críticos y los discípulos de Ranke
VIII. La escuela prusiana
110

137

IX. El renacimiento de los estudios históricos en Francia.

X. La escuela romántica. Thierry y Michelet
16g

XI. La escuela política. Guizot, Mignet y Thiers.
176

193

XII. La Edad Media y el Antiguo Régimen XIII. La Revolución Francesa
213

XIV. Napoleón

XV. De Hallam a Macaulay •

XVI. Thirlwall, Grote y Arnold



XVII. Carlyle y Froude ...

XVIII. La escuela de Oxford
XIX. Gardiner y Lecky, Seeley y Creighton

XX. Acton y Maitland ..

XXI. Los Estados Unidos •

XXII. Otros países ....



XXIII. Mommsen y los estudios romanos

XXIV. Grecia y Bizancio...

XXV. El Antiguo Oriente •

XXVI. Los judíos y la Iglesia cristiana

XXVII. El catolicismo
569

XXVIII. La historia de la civilización
593
INDICE DE AUTORES

LA HISTORIA Y LOS HISTORIADORES EN EL SIGLO XIX
INTRODUCCIÓN
LA EDAD MEDIA produjo historiadores de gran mérito literario -Mateo
Paris y Lamberto de Herzfeld, Joinville y Froissart—, cuyo testimonio so-
bre los hechos acaecidos en su propia época era bastante fidedigno; pero no existían entonces las condiciones esenciales a esa indole de trabajos.
Se desconocía la imprenta y los libros eran escasos. No se había iniciado el método crítico para el estudio de los documentos, ni se concebía la necesidad de tratarlos de ese modo. El piadoso cronista, feliz entré los tesoros de su biblioteca monástica, no se détenía a investigar su valor, y con la misma inocencia copiaba en sus propias páginas compilaciones an-teriores. Aunque la falsificación de documentos era cosa normal, no se conocían aún los medios para descubrir esas falsificaciones. Los aconte-cimientos consignados se aceptaban sin discusión, y la sanción de la tradi-ción garantizaba la realidad del hecho. Por último, el ambiente de la Edad Media se hallaba saturado de teología. La influencia de San Agus tín pesó de un modo casi físico sobre la mente de Europa durante unos mil años, distrayendo la atención de la historia y los problemas seculares.
Dada la constante intervención de la Providencia, la investigación de las causas naturales resultaba innecesaria e incluso impertinente. La historia era un sermón, no una ciencia, un ejemplario de las evidencias cristianas, no un intento desinteresado para comprender y explicar el curso de la
civilización. 1
La gran revolución en la perspectiva de la humanidad, que empezó en Italia durante los siglos XIV y xv, condujo a la creación de algunas de las condiciones gracias a las cuales pudieron surgir métodos objetivos y un concepto genético de la historia. La revelación de que el mundo clá-sico no era una tradición borrosa, sino una brillante realidad, estimuló la curiosidad y sugirió el estudio de la transformación acaecida. Las in-vestigaciones comparativas se vieron aún más estimuladas por el descubri-
1 El mejor relato del desarrollo de la historiografia desde el Renacimiento se en-
cuentra en FUETER, Geschichte der neueren
Historiographie, 1911. WEGELE, Geschichte
der Deutschen Historiographie, 1885, es indispensable para Alemania.
MoLINIER, Les
Sources de lHistoire de France, vol. v, 1904; FLINT, Historical

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