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Mexico y la Gran Bretaña Durante la Intervencion y el Segundo Imperio Mexico 1862-2867 /

Material type: TextTextSeries: SERIEPublication details: Mexico Banco Nacional de Comercio Exterior,S.A. 1974Description: 237 16x23 cmLOC classification:
  • LCC
Contents:
INDICE GENERAL Advertencia del autor Prefacio • Abreviaturas y siglas Introducción 9 11 14 15 DOCUMENTOS Año de 1861 Año de 1862 Bibliografía INDICE ONOMÁSTICO INDICE DE ILUSTRACIONES 31 121 230 233 239
Summary: PREFACIO Deseo destacar, aunque brevemente, la importancia de dos documentos respecto de la intervención armada en México. El primero lo constituyó la Convención de Londres, firmada el 31 de octubre de 1861, en que se comprometían en tal empresa las reinas de España y del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda y el Emperador de los franceses; respectivamente la Reina Isabel II, la Reina Victoria y Napoleón III. La citada Convención marca el inicio de ese movimiento armado basado en reclamaciones "un tanto legales", aunque no lo fueran las de Francia, movidas por la ambición y usura de un Jecker. A la disolución de tal em-presa, después de los Convenios de la Soledad, dos de las potencias aliadas regresaban a sus propios países y sólo el calculador Emperador de los franceses permanecía en México con sus tropas de mar y tierra; decisión que había tomado antes de cualquier eventualidad, como lo fue el rompimiento de las fuerzas aliadas. El segundo documento es la carta en que los Comisionados Aliados, al dirigirse al Presidente de México Benito Juárez, presentaban sus peticiones como un ultimátum para hacer efectivas sus "'justas" demandas, exigiendo su reconocimiento; entre otras consideraciones las llamaban "obligaciones sagradas" reconocidas mediante tratados que, por ello mismo, no debían desconocerse. Venían a demandar no sólo reparaciones sino a exigir garantías para el futuro de sus compatriotas y de sus inversiones en México. Lo que estas tres potencias no podían aceptar era que un país tan ricamente dotado por la Providencia como México permitiera la existencia de gobiernos que lo llevaran a la destrucción total de tan preciados dones y lo condujeran a la ruina. Habían llegado para ser testigos y, en caso necesario, protectores de la regeneración de México: vinieron a ayudar a su organización sin deseos de interferir, en forma alguna, en la constitución de su Gobierno o en su administración interna. Sólo México debía decidir cuáles eran las instituciones que le convenían y cuáles se adaptaban mejor a sus necesidades y a la civilización del siglo XIX. Podemos señalar, continuaban los Aliados, al pueblo mexicano el curso que lo conducirá a la prosperidad, pero únicamente él debe decidir ese curso sin la intervención extranjera y obedeciendo a su propia inspiración; así podrá establecer un orden de cosas permanente y estable en
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Libro Libro CI Gustavo A. Madero 2 LCC Available

Banco Nacional de Comercio Exterior,S.A.

INDICE GENERAL
Advertencia del autor
Prefacio •
Abreviaturas y siglas
Introducción
9
11
14
15
DOCUMENTOS
Año de 1861
Año de 1862
Bibliografía
INDICE ONOMÁSTICO
INDICE DE ILUSTRACIONES
31
121
230
233
239

PREFACIO
Deseo destacar, aunque brevemente, la importancia de dos documentos respecto de la intervención armada en México. El primero lo constituyó la Convención de Londres, firmada el 31 de octubre de 1861, en que se comprometían en tal empresa las reinas de España y del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda y el Emperador de los franceses; respectivamente la Reina Isabel II, la Reina Victoria y Napoleón III.
La citada Convención marca el inicio de ese movimiento armado basado en reclamaciones
"un tanto legales", aunque no lo fueran las de Francia,
movidas por la ambición y usura de un Jecker. A la disolución de tal em-presa, después de los Convenios de la Soledad, dos de las potencias aliadas regresaban a sus propios países y sólo el calculador Emperador de los franceses permanecía en México con sus tropas de mar y tierra; decisión que había tomado antes de cualquier eventualidad, como lo fue el rompimiento de las fuerzas aliadas.
El segundo documento es la carta en que los Comisionados Aliados, al dirigirse al Presidente de México Benito Juárez, presentaban sus peticiones como un ultimátum para hacer efectivas sus "'justas" demandas, exigiendo su reconocimiento; entre otras consideraciones las llamaban "obligaciones
sagradas"
reconocidas mediante tratados que, por ello mismo, no debían desconocerse. Venían a demandar no sólo reparaciones sino a exigir garantías para el futuro de sus compatriotas y de sus inversiones en México.
Lo que estas tres potencias no podían aceptar era que un país tan ricamente dotado por la Providencia como México permitiera la existencia de gobiernos que lo llevaran a la destrucción total de tan preciados dones y lo condujeran a la ruina.
Habían llegado para ser testigos y, en caso necesario, protectores de la regeneración de México: vinieron a ayudar a su organización sin deseos de interferir, en forma alguna, en la constitución de su Gobierno o en su administración interna. Sólo México debía decidir cuáles eran las instituciones que le convenían y cuáles se adaptaban mejor a sus necesidades y a la civilización del siglo XIX.
Podemos señalar, continuaban los Aliados, al pueblo mexicano el curso que lo conducirá a la prosperidad, pero únicamente él debe decidir ese curso sin la intervención extranjera y obedeciendo a su propia inspiración; así podrá establecer un orden de cosas permanente y estable en

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