Mexico y la Gran Bretaña Durante la Intervencion 1861-1862 /
Mexico y la Gran Bretaña Durante la Intervencion 1861-1862 /
- Mexico Banco Nacional de Comercio Exterior S.A. 1974
- 242 16X23 cm
- SERIE .
Banco Nacional de Comercio Exterior S.A.
INDICE GENERAL
Advertencia del autor
Prefacio •
Abreviaturas y siglas
Introducción . •
•••••.
•.•
••.
....
DOCUMENTOS
Año de 1861
Año de 1862
Bibliografía
INDICE ONOMÁSTICO
INDICE DE ILUSTRACIONES
...••••
•.•••••.
241
11
14
15
31
121
230
233
2
PREFACIO
Deseo destacar, aunque brevemente, la importancia de dos documentos respecto de la intervención armada en México. El primero lo constituyó la Convención de Londres, firmada el 31 de octubre de 1861, en que se comprometían en tal empresa las reinas de España y del Reino Unido de la
1 Reina Tabd 11, la Keina cora y Napoln fr eses, respectivamente
La citada Convención marca el inicio de ese movimiento armado basado en reclamaciones
"un tanto legales", aunque no lo fueran las de Francia,
movidas por la ambición y usura de un Jecker. A la disolución de tal em-presa, después de los Convenios de la Soledad, dos de las potencias aliadas regresaban a sus propios países y sólo el calculador Emperador de los franceses permanecía en México con sus tropas de mar y tierra; decisión que había tomado antes de cualquier eventualidad, como lo fue el rompimiento de las fuerzas aliadas.
El segundo documento es la carta en que los Comisionados Aliados, al dirigirse al Presidente de México Benito Juárez, presentaban sus peticiones como un ultimátum para hacer efectivas sus "justas" demandas, exigiendo su reconocimiento; entre otras consideraciones las llamaban "obligaciones sagradas" reconocidas mediante tratados que, por ello mismo, no debían desconocerse. Venían a demandar no sólo reparaciones sino a exigir garantías para el futuro de sus compatriotas y de sus inversiones en México.
Lo que estas tres potencias no podían aceptar era que un país tan ricamente dotado por la Providencia como México permitiera la existencia de gobiernos que lo llevaran a la destrucción total de tan preciados dones y lo condujeran a la ruina.
Habían llegado para ser testigos y, en caso necesario, protectores de la regeneración de México: vinieron a ayudar a su organización sin deseos de interferir, en forma alguna, en la constitución de su Gobierno o en su administración interna. Sólo México debía decidir cuáles eran las instituciones que le convenían y cuáles se adaptaban mejor a sus necesidades y a la civilización del siglo XIX.
Podemos señalar, continuaban los Aliados, al pueblo mexicano el curso que lo conducirá a la prosperidad, pero únicamente él debe decidir ese curso sin la intervención extranjera y obedeciendo a su propia inspiración; así podrá establecer un orden de cosas permanente y estable en un país que
LCC
Banco Nacional de Comercio Exterior S.A.
INDICE GENERAL
Advertencia del autor
Prefacio •
Abreviaturas y siglas
Introducción . •
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DOCUMENTOS
Año de 1861
Año de 1862
Bibliografía
INDICE ONOMÁSTICO
INDICE DE ILUSTRACIONES
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241
11
14
15
31
121
230
233
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PREFACIO
Deseo destacar, aunque brevemente, la importancia de dos documentos respecto de la intervención armada en México. El primero lo constituyó la Convención de Londres, firmada el 31 de octubre de 1861, en que se comprometían en tal empresa las reinas de España y del Reino Unido de la
1 Reina Tabd 11, la Keina cora y Napoln fr eses, respectivamente
La citada Convención marca el inicio de ese movimiento armado basado en reclamaciones
"un tanto legales", aunque no lo fueran las de Francia,
movidas por la ambición y usura de un Jecker. A la disolución de tal em-presa, después de los Convenios de la Soledad, dos de las potencias aliadas regresaban a sus propios países y sólo el calculador Emperador de los franceses permanecía en México con sus tropas de mar y tierra; decisión que había tomado antes de cualquier eventualidad, como lo fue el rompimiento de las fuerzas aliadas.
El segundo documento es la carta en que los Comisionados Aliados, al dirigirse al Presidente de México Benito Juárez, presentaban sus peticiones como un ultimátum para hacer efectivas sus "justas" demandas, exigiendo su reconocimiento; entre otras consideraciones las llamaban "obligaciones sagradas" reconocidas mediante tratados que, por ello mismo, no debían desconocerse. Venían a demandar no sólo reparaciones sino a exigir garantías para el futuro de sus compatriotas y de sus inversiones en México.
Lo que estas tres potencias no podían aceptar era que un país tan ricamente dotado por la Providencia como México permitiera la existencia de gobiernos que lo llevaran a la destrucción total de tan preciados dones y lo condujeran a la ruina.
Habían llegado para ser testigos y, en caso necesario, protectores de la regeneración de México: vinieron a ayudar a su organización sin deseos de interferir, en forma alguna, en la constitución de su Gobierno o en su administración interna. Sólo México debía decidir cuáles eran las instituciones que le convenían y cuáles se adaptaban mejor a sus necesidades y a la civilización del siglo XIX.
Podemos señalar, continuaban los Aliados, al pueblo mexicano el curso que lo conducirá a la prosperidad, pero únicamente él debe decidir ese curso sin la intervención extranjera y obedeciendo a su propia inspiración; así podrá establecer un orden de cosas permanente y estable en un país que
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